lunes, 21 de diciembre de 2015

5 peligros a evitar a nuestro perro en Navidad


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La temporada de fiestas puede ser un momento complicado para nuestros perros, pues su entorno habitual está lleno de árboles de Navidad, flores y otros adornos. Del mismo modo, la llegada de visitantes puede provocar que su rutina sea diferente. Algunos de los peligros más comunes de la Navidad para nuestro perro se encuentran en nuestra propia casa. ¿Cuáles son?
  1. Peligros alimentarios: debemos evitar chocolate, cebollas, edulcorantes, dulces porque pueden resultar tóxicos o dañinos para él. También debemos tener mucho cuidado con los huesos, ya que pueden causar asfixia, obstrucciones o perforaciones intestinales.
    Si queremos premiar a nuestro perro con algo especial por Navidad, hagámoslo con alimentos o golosinas específicas para él que no supongan ningún peligro para su salud.
    Hemos de prestar una especial atención a que no robe sobras de comida, entre las que puede haber ciertos alimentos que representen un riesgo para él.
  2. Árbol de Navidad: si el árbol de casa es natural la mayoría de las especies son de baja toxicidad, pero pueden causar un malestar leve gastrointestinal (vómitos y/o diarrea) si se mastican sus hojas. Además, si caen al suelo y las pisa, las agujas de pino pueden quedar atrapadas en las patas e incluso clavarse, produciendo irritación y dolor.
    Lo ideal es delimitar un área de “seguridad” alrededor del árbol y evitar que nuestro perro acceda a él, y limpiar diariamente las hojas o agujas desprendidas.
  3. Decoraciones: las decoraciones de Navidad están diseñadas para parecer atractivas y hermosas, pero esto supone que también son una tentación para nuestro amigo peludo.
    Los adornos, bolas navideñas y demás pueden causar problemas si se ingieren, obstrucciones intestinales, o heridas si se astillan.
    Las guirnaldas o cintas representan un peligro también si las traga, pues pueden dar lugar a un cuerpo extraño lineal en el intestino que haga necesario que recurramos a la cirugía.
    No olvidemos que podemos también tener una desagradable sorpresa si nuestro perro muerde o mordisquea los cables de las luces de Navidad.
  4. Acebo, muérdago y Poinsettia (planta de Navidad): todas estas bonitas plantas de follaje festivo son ligeramente tóxicas si se ingieren y pueden causar vómitos o diarreas, por lo que deben evitarse o mantener fuera de alcance de nuestro perro.
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  1. Pilas y baterías: la ingestión de las baterías y pilas es más común en esta época del año, debido a su presencia en regalos o juguetes. Si se mastican y perforan pueden causar quemaduras químicas y envenenamiento por metales pesados. Si se tragan también es posible que causen una obstrucción. Todas las baterías son potencialmente tóxicas por lo que si sospechamos de su ingestión hemos de acudir rápidamente a nuestro veterinario.

martes, 8 de diciembre de 2015

SABEN LOS PERROS REALMENTE QUE HORA ES

Foto: Wikimedia Commons
Foto: Wikimedia Commons
Decir que los perros poseen una noción del tiempo similar a la de los humanos quizá resulte exagerado; o puede que no, pero de momento no se ha demostrado científicamente. Sin embargo, hay algunos experimentos que dan alguna idea de cómo los perros podrían experimentar el paso del tiempo. En concreto esta prueba de campo realizada en un programa de la BBC relaciona la percepción del tiempo de los perros con el olor de su dueño. La explicación del vídeo, que está en inglés, os la detallamos en los siguientes párrafos.
Todos los días a la misma hora Jazz salta al sofá, sabe que en unos 20 minutos llegará a casa su dueño. Parece que el perro, realmente, sepa qué hora es. Una opción es pensar que es una rutina y el can sabe, porque sucede todos los días, que equis tiempo tras la llegada de su humana siempre llega su humano.
Los investigadores, sin embargo, creen que puede tener algo que ver con el fino sentido del olfato de los canes. Es como un reloj de arena, en versión olfativa: cuando el olor de su humano se ha dispersado de la casa hasta un nivel determinado, Jazz sabe que es el momento en que su dueño tiene que regresar.
Y ahí está el experimento-prueba: su dueña trae camisetas que apestan a su marido y las mueve por la casa, dejándolas sobre el sofá, etc. El resultado es que justo ese día Jazz... ¡no sube al sofá y tampoco sale a recibir a su dueño! Aunque no tenga valor científico, el test resulta revelador, si bien los etólogos tienden a pensar que el olor no sería el único factor que marca la noción del tiempo de los perros. Se sumaría la luminosidad, los ritmos circadiarios que tenemos todos los animales, etc.

Un olfato para oler el pasado

De todos modos, el olfato de los canes está a años luz del nuestro en cuanto a finura y capacidad de captar y distinguir diferentes olores. El suyo es entre 10.000 y 100.000 veces más sensible que el nuestro. Es como si vieran con la nariz; así suele describirse el potente olfato de los canes, un olfato capaz de detectar enfermedades, chinches, bombas, drogas... y por supuesto, el olor de su humano, lo más delicioso, con permiso del bacon.
En este vídeo la reconocida escritora, profesora y etóloga Alexandra Horowitz explica el fascinante mundo olfativo de los canes. Si os divierte e interesa lo que cuenta -que a mí me resulta fascinante- su libro En la mente de un perro es muy recomendable.
Uno de los ejemplos que ofrece para comparar el poder de la nariz canina con respecto a la humana es que nosotros podemos distinguir el olor de un perfume en un cuarto, pero un perro podría hacerlo en un estadio de fútbol cerrado y sería, incluso, capaz de distinguir los diferentes elementos que componen el perfume. Además, oliendo un determinado objeto, como el tronco de un árbol o una farola donde han orinado otros perros, pueden saber quién y cuándo ha pasado por allí, así como su tamaño, su estado de salud, etc. Es decir, pueden ver el pasado.

Por qué los perros se olisquean el culo

Una vez establecido qué nuestros canes tienen una visión olfativa impensable para los humanos, podemos intuir que el culo de sus congéneres contiene gran cantidad de información de interés, como una especie de carta de presentación. Esa es la razón de que los perros se huelan los culos mutuamente cuando se encuentran, incluso si ya se conocen previamente.
La culpa de esta fuente de información la tienen las glándulas anales, quesecretan numerosas sustancias útiles para establecer una suerte de comunicación química. La misma permite a los perros descubrir muchas cosas. Al olisquear así a sus congéneres pueden averiguar su género, su dieta e incluso su estado de ánimo.
En este interesante y breve vídeo de la American Chemical Society lo explican, en inglés, pero de forma que lo entendamos los que no somos profesionales de la ciencia.
La glándula anal, explican en el vídeo, son en realidad dos glándulas, la sudorípara apocrina (responsable del olor de los perros) y la sebácea. Y ambas son las causantes de las diferencias en el olor entre un can y otro, o en un mismo can en diferentes momentos de su vida. Además, los canes tienen un sistema de olfato adicional, el Órgano de Jacobson, diseñado justamente para detectar feromonas y todo lo relacionado con la comunicación química que va más allá de los olores normales.